Este cuento me encanta (III)
Julio Cortazar
Final de Juego - 1956
***
Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos.
Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.
Pastilla # 3: ¡Sí, como no!
Pero me importa un pepino que sea así. Me encantan las pastillas de chocolate de todos modos, así que del nombre de este blog no se moverán.
Este cuento me encanta (II)
Teresa Giménez
***
Esperaba a mi príncipe azul pero nunca llegaba.
-Los príncipes azules no existen- Decían unos.
-Los príncipes azules destiñen- Decían otros.
-El que tenga que ser para tí, tuyo será- Decía mi madre.
Mientras, las películas y los cuentos estaban repletos de príncipes maravillosos.
Y yo continuaba esperando...
Y aparecían príncipes y más príncipes...
Pero ninguno era azul y ninguno me daba la felicidad.
Así que un buen día dejé de esperar. -No necesito un príncipe- me dije.
Y entonces ocurrió algo mágico. Mi corazón comenzó a llenarse y a expandirse, ¡parecía tener alas! Y de repente me dí cuenta de que todo este tiempo el amor había estado dentro de mí... Y yo no lo había visto porque estaba "esperando".
En aquel preciso instante me enamoré de mí misma.
¡Y luego apareciste tú!
Y tú no eras azul, ni perfecto, ni eras verde, ni amarillo, ni rojo... ¡Eras de todos los colores! ¡Eras maravillosamente imperfecto! ¡Eras de carne y hueso!
Y no me dabas la felicidad, sino que multiplicabas la que yo sentía. Y eras tierno, y dulce y me llamabas princesa. Y yo me sentía la princesa más afortunada del mundo, de la tierra y del universo porque, finalmente ¡había encontrado a mi príncipe!
Este cuento me encanta (I)
En: Caperucita Roja y otros cuentos perversos.
***
“Ese día encontré en el bosque la flor más linda de mi vida. Yo, que siempre he sido de buenos sentimientos y terrible admirador de la belleza, no me creí digno de ella y busqué a alguien para ofrecérsela. Fui por aquí, fui por allá, hasta que tropecé con la niña que le decían Caperucita Roja. La conocía pero nunca había tenido la ocasión de acercarme. La había visto pasar hacia la escuela con sus compañeros desde finales de abril. Tan locos, tan traviesos, siempre en una nube de polvo, nunca se detuvieron a conversar conmigo, ni siquiera me hicieron un adiós con la mano. Qué niña más graciosa. Se dejaba caer las medias a los tobillos y una mariposa ataba su cola de caballo. Me quedaba oyendo su risa entre los árboles. Le escribí una carta y la encontré sin abrir días después, cubierta de polvo, en el mismo árbol y atravesada por el mismo alfiler. Una vez vi que le tiraba la cola a un perro para divertirse. En otra ocasión apedreaba los murciélagos del campanario. La última vez llevaba de la oreja un conejo gris que nadie volvió a ver.
Detuve la bicicleta y desmonté. La saludé con respeto y alegría. Ella hizo con el chicle un globo tan grande como el mundo, lo estalló con la uña y se lo comió todo. Me rasqué detrás de la oreja, pateé una piedrecita, respiré profundo, siempre con la flor escondida. Caperucita me miró de arriba abajo y respondió a mi saludo sin dejar de masticar.
–¿Qué se te ofrece? ¿Eres el lobo feroz?
Me quedé mudo. Sí era el lobo pero no feroz. Y sólo pretendía regalarle una flor recién cortada. Se la mostré de súbito, como por arte de magia. No esperaba que me aplaudiera como a los magos que sacan conejos del sombrero, pero tampoco ese gesto de fastidio. Titubeando, le dije:
–Quiero regalarte una flor, niña linda.
–¿Esa flor? No veo por qué.
–Está llena de belleza –dije, lleno de emoción.
–No veo la belleza –dijo Caperucita–. Es una flor como cualquier otra.
Sacó el chicle y lo estiró. Luego lo volvió una pelotita y lo regresó a la boca. Se fue sin despedirse. Me sentí herido, profundamente herido por su desprecio. Tanto, que se me soltaron las lágrimas. Subí a la bicicleta y le di alcance.
–Mira mi reguero de lágrimas.
–¿Te caíste? –dijo–. Corre a un hospital.
–No me caí.
–Así parece porque no te veo las heridas.
–Las heridas están en mi corazón -dije.
–Eres un imbécil.
Escupió el chicle con la violencia de una bala.
Volvió a alejarse sin despedirse.
Sentí que el polvo era mi pecho, traspasado por la bala de chicle, y el río de la sangre se estiraba hasta alcanzar una niña que ya no se veía por ninguna parte. No tuve valor para subir a la bicicleta. Me quedé toda la tarde sentado en la pena. Sin darme cuenta, uno tras otro, le arranqué los pétalos a la flor. Me arrimé al campanario abandonado pero no encontré consuelo entre los murciélagos, que se alejaron al anochecer. Atrapé una pulga en mi barriga, la destripé con rabia y esparcí al viento los pedazos. Empujando la bicicleta, con el peso del desprecio en los huesos y el corazón más desmigajado que una hoja seca pisoteada por cien caballos, fui hasta el pueblo y me tomé unas cervezas. “Bonito disfraz”, me dijeron unos borrachos, y quisieron probárselo. Esa noche había fuegos artificiales. Todos estaban de fiesta. Vi a Caperucita con sus padres debajo del samán del parque. Se comía un inmenso helado de chocolate y era descaradamente feliz. Me alejé como alma que lleva el diablo.
Volví a ver a Caperucita unos días después en el camino del bosque.
–¿Vas a la escuela? –le pregunté, y en seguida me di cuenta de que nadie asiste a clases con sandalias plateadas, blusa ombliguera y faldita de juguete.
–Estoy de vacaciones –dijo–. ¿O te parece que éste es el uniforme?
El viento vino de lejos y se anidó en su ombligo.
–¿Y qué llevas en el canasto?
–Un rico pastel para mi abuelita. ¿Quieres probar?
Casi me desmayo de la emoción. Caperucita me ofrecía su pastel. ¿Qué debía hacer? ¿Aceptar o decirle que acababa de almorzar? Si aceptaba pasaría por ansioso y maleducado: era un pastel para la abuela. Pero si rechazaba la invitación, heriría a Caperucita y jamás volvería a dirigirme la palabra. Me parecía tan amable, tan bella. Dije que sí.
–Corta un pedazo.
Me prestó su navaja y con gran cuidado aparté una tajada. La comí con delicadeza, con educación. Quería hacerle ver que tenía maneras refinadas, que no era un lobo cualquiera. El pastel no estaba muy sabroso, pero no se lo dije para no ofenderla. Tan pronto terminé sentí algo raro en el estómago, como una punzada que subía y se transformaba en ardor en el corazón.
–Es un experimento –dijo Caperucita–. Lo llevaba para probarlo con mi abuelita pero tú apareciste primero. Avísame si te mueres.
Y me dejó tirado en el camino, quejándome.
Así era ella, Caperucita Roja, tan bella y tan perversa. Casi no le perdono su travesura. Demoré mucho para perdonarla: tres días. Volví al camino del bosque y juro que se alegró de verme.
–La receta funciona –dijo–. Voy a venderla.
Y con toda generosidad me contó el secreto: polvo de huesos de murciélago y picos de golondrina. Y algunas hierbas cuyo nombre desconocía. Lo demás todo el mundo lo sabe: mantequilla, harina, huevos y azúcar en las debidas proporciones. Dijo también que la acompañara a casa de su abuelita porque necesitaba de mí un favor muy especial. Batí la cola todo el camino. El corazón me sonaba como una locomotora. Ante la extrañeza de Caperucita, expliqué que estaba en tratamiento para que me instalaran un silenciador. Corrimos. El sudor inundó su ombligo, redondito y profundo, la perfección del universo. Tan pronto llegamos a la casa y pulsó el timbre, me dijo:
–Cómete a la abuela.
Abrí tamaños ojos.
–Vamos, hazlo ahora que tienes la oportunidad.
No podía creerlo.
Le pregunté por qué.
–Es una abuela rica –explicó–. Y tengo afán de heredar.
No tuve otra salida. Todo el mundo sabe eso. Pero quiero que se sepa que lo hice por amor. Caperucita dijo que fue por hambre. La policía se lo creyó y anda detrás de mí para abrirme la barriga, sacarme a la abuela, llenarme de piedras y arrojarme al río, y que nunca se vuelva a saber de mí.
Quiero aclarar otros asuntos ahora que tengo su atención, señores.
Caperucita dijo que me pusiera las ropas de su abuela y lo hice sin pensar. No veía muy bien con esos anteojos. La niña me llevó de la mano al bosque para jugar y allí se me escapó y empezó a pedir auxilio. Por eso me vieron vestido de abuela. No quería comerme a Caperucita, como ella gritaba. Tampoco me gusta vestirme de mujer, mis debilidades no llegan hasta allá. Siempre estoy vestido de lobo.
Es su palabra contra la mía. ¿Y quién no le cree a Caperucita? Sólo soy el lobo de la historia.
Aparte de la policía, señores, nadie quiere saber de mí.
Ni siquiera Caperucita Roja. Ahora más que nunca soy el lobo del bosque, solitario y perdido, envenenado por la flor del desprecio. Nunca le conté a Caperucita la indigestión de una semana que me produjo su abuela. Nunca tendré otra oportunidad. Ahora es una niña muy rica, siempre va en moto o en auto, y es difícil alcanzarla en mi destartalada bicicleta. Es difícil, inútil y peligroso. El otro día dijo que si la seguía molestando haría conmigo un abrigo de piel de lobo y me enseñó el resplandor de la navaja. Me da miedo. La creo muy capaz de cumplir su promesa.”
No soy del 7% que lo reenvía, soy del NMI% que lo comparte de todos modos
Escrito por Regina Brett, 90 años, de "The Plain Dealer" Cleveland, Ohio
"Para celebrar la llegada a mi edad avanzada, una vez escribí las 45 lecciones que la vida me ha enseñado. Es la columna más solicitada que jamás
había escrito." Mi odómetro llegó a los 90 en agosto, así que aquí les va la columna una vez más:
1. La vida no es justa, pero aún así es buena.
2. Cuando tengas duda, sólo toma el siguiente paso pequeño.
3. La vida es demasiada corta para perder el tiempo odiando a alguien.
4. Tu trabajo no te cuidará cuando estés enfermo. Tus amigos y familia sí.
Mantente en contacto.
5. Liquida tus tarjetas de crédito cada mes.
6. No tienes que ganar cada discusión. Debes estar de acuerdo en no estar de
acuerdo.
7. Llora con alguien. Alivia más que llorar solo.
8. Está bien si te enojas con Dios. El lo puede soportar.
9. Ahorra para el retiro comenzando con tu primer cheque de nómina.
10. Cuando se trata de chocolate, la resistencia es inútil.
11. Haz las paces con tu pasado para que no arruine el presente.
12. Está bien permitir que tus niños te vean llorar.
13. No compares tu vida con otros. No tienes ni idea de lo que se trata su
travesía.
14. Si una relación tiene que ser secreta, no debes estar en ella.
15. Todo puede cambiar en un parpadear de ojos. Pero no te preocupes, Dios
nunca parpadea.
16. Respira profundamente. Esto calma la mente.
17. Elimina todo lo que no sea útil, hermoso o gozoso.
18. Si algo no te mata, en realidad te hace más fuerte.
19. Nunca es demasiado tarde para tener una niñez feliz.. Pero la segunda
depende de ti y de nadie más.
20. Cuando se trata de perseguir aquello que amas en la vida, no aceptes un
" no" por respuesta.
21.. Enciende las velitas, utiliza las sábanas bonitas, ponte la lencería
cara. No la guardes para una ocasión especial. Hoy es especial.
22. Prepárate de más, y de pase sigue la corriente..
23. Sé excéntrico ahora. No te esperes a ser viejo para usar el morado.
24. El órgano sexual más importante es el cerebro.
25. Nadie está a cargo de tu felicidad, más que tú.
26. Enmarca todo llamado "desastre" con estas palabras: "En cinco años,
¿esto importará?"
27. Siempre elige vida.
28. Perdónale todo a todos.
29. Lo que las otras personas piensen de ti no te incumbe.
30. El tiempo sana casi todo. Dale tiempo al tiempo.
31. Por más buena o mala que sea una situación, algún día cambiará.
32. No te tomes tan en serio. Nadie más lo hace.
33. Cree en los milagros.
34. Dios te ama por lo que Dios es, no por lo que hayas hecho o dejado de
hacer.
35. No audites la vida. Sólo llega y aprovéchala al máximo hoy.
36. Llegar a viejo es mejor que la alternativa--- morir joven.
37. Tus niños sólo tienen una niñez.
38. Todo lo que verdaderamente importa al final es que hayas amado..
39. Sal todos los días. Los milagros están esperando en todas partes.
40. Si todos apiláramos nuestros problemas y viéramos los montones de los
demás, rápido arrebataríamos de regreso los nuestros.
41. La envidia es una pérdida de tiempo. Tú ya tienes todo lo que necesitas.
42. Lo mejor está aún por llegar.
43. No importa cómo te sientas... párate, arréglate y preséntate.
44. Cede.
45. La vida no está envuelta con un moño, pero sigue siendo un regalo.
Se estima que el 93% de las personas no reenviarán esto.
Si eres uno de los 7% que lo hará, re-envíalo con el título 7%.
Yo estoy en el 7%
Los Amigos son la familia que nosotros mismos escogemos
PASTILLA #2: La cigarra, la hormiga y los que nos ponemos a molestarles la vida
DOS VERSIONES, DE LA MISMA HISTORIA
- La hormiga trabaja a brazo partido todo el verano bajo un calor aplastante. Construye su casa y se aprovisiona de víveres para el invierno.
- La cigarra piensa que la hormiga es tonta y se pasa el verano riendo, bailando y jugando.
- Cuando llega el invierno, la hormiga se refugia en su casita donde tiene todo lo que le hace falta hasta la primavera.
- La cigarra, tiritando, sin comida y sin cobijo, muere de frío.
VERSIÓN COLOMBIANA
La hormiga trabaja a brazo partido todo el verano bajo un calor aplastante. Construye su casa y se aprovisiona de víveres para el invierno.
La cigarra piensa que la hormiga es tonta y se pasa el verano riendo, bailando y jugando.
Cuando llega el invierno, la hormiga se refugia en su casita donde tiene todo lo que le hace falta hasta la primavera.
La cigarra, tiritando, organiza una rueda de prensa en la que se pregunta por qué la hormiga tiene derecho a vivienda y comida, cuando hay otros, con menos suerte que ella, que tienen frío y hambre.
La televisión organiza un programa en vivo en el que la cigarra sale pasando frío y calamidades, y a la vez muestran extractos del vídeo de la hormiga bien calientita en su casa y con la mesa llena de comida.
Todo mundo se sorprende de que en un país próspero como el suyo dejen sufrir a la pobre cigarra mientras hay otros que viven en la abundancia.
Las asociaciones contra la pobreza, y la Comisión de Derechos Humanos se manifiestan delante de la casa de la hormiga y la llenas de graffitis y consignas.
José Miguel Vivanco, director de la División de las Americas de Human Rights Watch, manifiesta que posiblemente el Presidente Uribe es el culpable de la discriminación contra las cigarras y del favorecímiento a las oligarcas hormigas. La corte SUPREMA DE JUSTICIA por intermedio de sus voceros Giorgio Sale manifiesta que Vivanco tiene la razón.
Los periodistas encabezados por Felix de Bedout organizan una serie de artículos en los que cuestionan cómo la hormiga se ha enriquecido a espaldas de la cigarra...... e instan al público a opinar en sus encuestas telefónicas y on line a través de una mañosa pregunta donde tienen qué escoger si son partidarios de la igualdad o de la discriminación. ( Como la 'egoísta e insensible hormiga')
Respondiendo a las encuestas de opinión, el congreso se pronuncia por una Ley sobre la igualdad económica y una Ley Anti-discriminación.
El Polo democrático por intermedio de sus voceros Petro, Avellaneda y Robledo, citan al Ministro de Salud y piden su destitución .El Director del Partido Liberal Cesar Gaviria y el baboso de Juan Fernando Cristo, respaldan al Polo, pero solicitan pedirle también la renuncia a URIBE.
Evo Morales, Rafael Correa en compañía de Hugo Chávez expiden en su revolución Bolivariana un decreto para que nunca mas se permita ocupar casas a las hormigas, y que estas serán del pueblo de las CIGARRAS.
Los impuestos a la hormiga son elevados notoriamente y por si fuera poco, se le asigna una altísima multa porque no se hizo cargo de la cigarra, en el invierno.
La hormiga decepcionada, empaca y termina por irse a otro país, donde su esfuerzo sea reconocido y pueda disfrutar libremente de los frutos de su trabajo... donde no se le juzgue ni se le castigue, cuando tenga éxito.
La antigua casa de la hormiga se convierte en albergue social para cigarras que irresponsablemente se reproducen, que esperan a que alguien llegue a donarles el alimento y los recursos para sobrevivir dignamente ellas y sus descendientes
Al gobierno se le reprocha no poner los medios necesarios. Los partidos proponen una comisión de investigación pluripartidista, que costará 100 millones de pesos.
Entretanto la cigarra muere de una sobredosis de holganza, comida y cerveza. Los medios de comunicación comentan el fracaso del gobierno para corregir las desigualdades sociales y la injusticia económica..
La casa termina siendo ocupada por una banda de arañas inmigrantes.
..
C O M E N T A R I O S:
LO MALO DEL ENVIO DE ESTA FABULA A LA COLOMBIANA ES QUE, MUCHOS NI SIQUIERA LA LEERÁN... ESPECIALMENTE LOS POLÍTICOS... Y OTROS, NI SIQUIERA LA REFLEXIONARÀN...HABRÁ QUIÉNES SE IDENTIFIQUEN CON LA HORMIGA, Y OTROS CON LA CIGARRA... CADA CUAL A LO SUYO!!!!
PERO LO CIERTO ES, QUE HASTA QUE EL SISTEMA DEJE DE COBIJAR A CIGARRAS HOLGAZANAS Y A MAÑOSOS MANIFESTANTES, QUE SÓLO SE DEDICAN A CRITICAR A LOS QUE HAN LOGRADO LO QUE ELLOS NO, A HACER PLANTONES, DECIR LO QUE OTROS 'DEBEN' HACER.. Y A HABLAR Y HABLAR, PERO NO A TRABAJAR... SEGUIREMOS SIENDO EL PAÍS DE NUNCA CRECER Y NUNCA PROGRESAR.
AHORA, QUE SI NO PASAS ESTE CORREO, LA REFLEXION SOBRE ESTA SITUACION NO SE DARA Y EN VEZ DE TENER MAS HORMIGAS EN EL PAIS, CRECERA LA PLAGA DE CIGARRAS QUE YA TENEMOS!!!!!
Ahora bien, este mensaje me generó indignación, pero mi redacción al momento de escribir una respuesta fue tan mala que de hecho me hice blanco de tal indignación y hasta el momento he tenido que rectificarme con dos personas y no sé con cuantas más tendré que hacerlo. En fin... creo que esta situación debe ser resuelta de una manera bastante argumentada, en la que mi posición frente a un texto de este calibre quede clara.
Para ello, partiré desde el principio. Por lo tanto, empezaré con la fábula en su versión clásica.
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Oh! Resulta que al buscar a la dichosa fábula me encuentro que no hay tal cosa como una versión clásica, sino que se presentan las siguientes versiones[1]:
1) La de Esopo, que ni es seguro que sea de él, en la que la hormiga le regala unos granos de arroz a la cigarra (después de ponerla a pasar hambre unos días) mientras le recuerda que es importante ser previsora.
2) La de Félix María Samaniego en la que la hormiga es un ser codicioso y se niega a darle comida con un lenguaje sarcástico ("¡Hola! ¿con que cantabas cuando yo andaba al remo? Pues ahora, que yo como, baila, pese a tu cuerpo")
3) La de Jean de La Fontaine, en la que la hormiga también es codiciosa, entre otras cosas según La Fontaine, pero en la que su lenguaje hacia la cigarra es menos punzante. [2]
Ninguna está escrita como la que se lee en el mensaje como "versión clásica", pues la cigarra no menosprecia en éstas el trabajo de la hormiga y solo en una la hormiga evita un tono sarcástico para referirse a la cigarra.
Además, esta "versión clásica" es un mero paralelo sin moraleja alguna, de tal modo que ya ni siquiera puede considerarse una fábula.
Otras versiones que aparecen como reescritas de ésta sacan a relucir las dotes musicales de la cigarra como su salvavidas y hacen que la hormiga mande a la mierda a LaFontaine [3] (por pregonar la personalidad de tipo A, supongo yo :P), otra en la que la hormiga aparece oprimida por las deudas de la cigarra [4]
Noté luego que la versión colombiana tiene una versión madre a la que llaman reaccionaria y que se adapta a paises como España y Perú (entre otros, seguramente) y que empezó a circular (según parece) en el Facebook el año pasado [5].
Así pues, al partir de la versión clásica me encuentro que hay tres versiones reconocidas como clásicas entre las que se nota la ausencia de la que se hace llamar así y encuentro adaptaciones contemporáneas, entre esas la que da origen a la versión colombiana. Y noto además que esta versión ni siquiera es presentada como fábula.
CONCLUSIÓN I:
El texto contenido en el mensaje que me ha causado inconvenientes puede estar seriamente amañado con fines políticos muy precisos (entre esos sospecho causar ciertos inconvenientes).
Ahora, me tomaré la molestia de señalar qué elementos concretos de la versión colombiana me indignaron:
1) Que vendan la idea de que la pobreza es una invención mediática (¿?¿?¿?) para quitarle recursos a "las gentes de bien" que lo han conseguido a lo largo de varias generaciones
La televisión organiza un programa en vivo en el que la cigarra sale pasando frío y calamidades, y a la vez muestran extractos del video de la hormiga bien calientita en su casa y con la mesa llena de comida.
2) Que estimgaticen como asociaciones vandálicas a las comisiones de derechos humanos y a las asociaciones que gestionan mejoras en la calidad de vida de las personas en condiciones de pobreza y reduzcan sus funciones a protestar sin razón aparente (aunque desde la lógica de la pobreza como invención, en realidad no habría una razón aparente para protestar)
Las asociaciones contra la pobreza, y la Comisión de Derechos Humanos se manifiestan delante de la casa de la hormiga y la llenas de grafitis y consignas
3) Que recurran a expresiones peyorativas en el relato (¡cómo si éste en sí mismo ya no lo fuera!)
el baboso de Juan Fernando Cristo
MAÑOSOS MANIFESTANTES, QUE SÓLO SE DEDICAN A CRITICAR A LOS QUE HAN LOGRADO LO QUE ELLOS NO
4) Que vendan la idea de que si las gestiones de organizaciones ya citadas en el texto funcionan, el resultado será decepcionante y no valdrá la pena vivir en este país (¡y después andan preocupados por las fugas de cerebros!) porque dichas gestiones conducirán a estrategias asistencialistas (que tengo la impresión que son las que imperan, aun siendo escasas para todo lo que hay por afrontar)
5) Que la exigencias de justicia en el ámbito económico y de condiciones de equidad social se presenten como críticas al gobierno y no como lo que son: exigencias de condiciones socioeconómicas más justas y equitativas (nótese que ni siquiera se molestan en fijarse si entre equidad e igualdad hay diferencias)
Y 6) Al partir de la pobreza como invención mediática, consideran que quien se declara pobre lo hizo para resolver los problemas que su supuesta holgazanería le dejó, tales como migrar a la ciudad sin sus perteniencias ni su producido por lo que declaran fue producto de intimidación de grupos armados ("que por supuesto, son fáciles de desvirtuar: uno de estos grupos pertenece al Estado y por lo tanto no afectaría a sus ciudadanos, el otro se desmovilizó y el otro está practicamente derrotado"), quedarse seis o más meses en la casa sin trabajo o sin poder organizar apropiadamente sus gastos ("¿de dónde sacan eso del subempleo?", "Y si eres bueno en lo que haces ¿por qué te preocupa que el contrato sea a termino fijo?", "Mira que te paguen bien para que te alcance para las prestaciones"[6])
CONCLUSIÓN II (una preguntita): ¿Qué clase de sociedad vamos a permitir que se geste en nuestro territorio si consideramos tema de humor y no de repudio este tipo de mensajes?
PS: Por otra parte, en respuesta a este mensaje, se puede emplear una fábula de Esopo llamada "La hormiga":
Dice una leyenda que la hormiga actual era en otros tiempos un hombre que, consagrado a los trabajos de la agricultura, no se contentaba con el producto de su propio esfuerzo, sino que miraba con envidia el producto ajeno y robaba los frutos a sus vecinos.
Indignado Zeus por la avaricia de este hombre, le transformó en hormiga.
Pero aunque cambió de forma, no le cambió el carácter, pues aún hoy día recorre los campos, recoge el trigo y la cebada ajenas y los guarda para su uso.
Moraleja: Aunque a los malvados se les castigue severamente, difícilmente cambian su naturaleza desviada.
Moraleja intertextual: Con un poco de desinformación, una sociedad puede idolatrar a los malvados y egoistas (como las hormigas de ambas fábulas, si nos quedamos con la versión de La Fontaine más esta fábula de Esopo)
Fuentes:
[1]Wikipedia (bueno, denle buscar, no todo lo tengo que hacer yo)
[2]http://www.uhu.es/cine.educacion/cineyeducacion/unidadescuadernolenguaje.htm
[3]http://peperoncino.lacoctelera.net/post/2006/08/09/la-fabula-la-hormiga-y-cigarra-version-actualizada-
[4]http://amigosdepeter.nireblog.com/post/2008/09/16/la-fabula-de-la-cigarra-y-la-hormiga
[5]http://www.ojosdepapel.com/Blogs/JuanAntonioGonzalezFuentes/Blog/Cuento-de-Navidad-La-Cigarra-y-la-Hormiga-version-reaccionaria
[6] Ahora, no es que yo diga que no haya holgazanes. Claro que los hay, se quedan en su casa todo el día o se beben todo su producido en la tarde... estan demasiado absortos en el consumo fácil que se olvidan del trabajo arduo. Lo que digo es que la pobreza es inexplicable si se plantea como consecuencia de la holgazanería. Y que el problema no es la pobreza a secas, es toda la vulnerabilidad social generada en el sector productivo de este país (al cual pertenezco, de momento) por la flexibilización laboral y la privatización de bienes y servicios destinados a garantizarnos ciertos derechos entre muchos otros elementos.
***
¡Ay de las pobres hormigas y cigarras! ¡Las estamos metiendo en tremendos líos sociopolíticos, económicos y retóricos y ni se han dado por enteradas!
¿Cuál sigue? ¿Herpes de Res? ¿Varicela del Atún?
PANDEMIA DE LUCRO ¿Qué intereses económicos se mueven detrás de la gripe porcina?
En el mundo, cada año mueren dos millones de personas víctimas de la malaria, que se podría prevenir con un mosquitero. Y los noticieros no dicen nada de esto. En el mundo, cada año mueren dos millones de niños y niñas de diarrea, que se podría curar con un suero oral de 25 centavos. Y los noticieros no dicen nada de esto. Sarampión, neumonía, enfermedades curables con vacunas baratas, provocan la muerte de diez millones de personas en el mundo cada año.
Y los noticieros no informan nada…Pero hace unos años, cuando apareció la famosa gripe aviar… … los informativos mundiales se inundaron de noticias… chorros de tinta, señales de alarma… ¡Una epidemia, la más peligrosa de todas!... ¡Una pandemia!Sólo se hablaba de la terrorífica enfermedad de los pollos. Y sin embargo, la gripe aviar sólo provocó la muerte de 250 personas en todo el mundo. 250 muertos durante 10 años, lo que da un promedio de 25 víctimas por año.La gripe común mata medio millón de personas cada año en el mundo. Medio millón contra 25.Un momento, un momento. Entonces, ¿por qué se armó tanto escándalo con la gripe de los pollos?Porque atrás de esos pollos había un “gallo”, un gallo de espuela grande.La farmacéutica trasnacional Roche con su famoso Tamiflú vendió millones de dosis a los países asiáticos. Aunque el Tamiflú es de dudosa eficacia, el gobierno británico compró 14 millones de dosis para prevenir a su población. Con la gripe de los pollos, Roche y Relenza, las dos grandes empresas farmaceúticas que venden los antivirales, obtuvieron miles de millones de dólares de ganancias. -Antes con los pollos y ahora con los cerdos.
-Sí, ahora comenzó la sicosis de la gripe porcina. Y todos los noticieros del mundo sólo hablan de esto… -Ya no se dice nada de la crisis económica ni de los torturados en Guantánamo…-Sólo la gripe porcina, la gripe de los cerdos… -Y yo me pregunto: si atrás de los pollos había un “gallo”… ¿atrás de los cerditos… no habrá un “gran cerdo”?Miremos lo que dice un ejecutivo de los laboratorios Roche…ROCHE A nosotros nos preocupa mucho esta epidemia, tanto dolor… por eso, ponemos a la venta el milagroso Tamiflú. -¿Y a cuánto venden el “milagroso” Tamiflú?-Bueno, veamos… 50 dólares la cajita. -¿50 dólares esa cajita de pastillas?-Comprenda, señora, que… los milagros se pagan caros. -Lo que comprendo es que esas empresas sacan buena tajada del dolor ajeno…
La empresa norteamericana Gilead Sciences tiene patentado el Tamiflú. El principal accionista de esta empresa es nada menos que un personaje siniestro, Donald Rumsfeld, secretario de defensa de George Bush, artífice de la guerra contra Irak…Los accionistas de las farmaceúticas Roche y Relenza están frotándose las manos, están felices por sus ventas nuevamente millonarias con el dudoso Tamiflú. La verdadera pandemia es el lucro, las enormes ganancias de estos mercenarios de la salud. No negamos las necesarias medidas de precaución que están tomando los países. Pero si la gripe porcina es una pandemia tan terrible como anuncian los medios de comunicación, Si a la Organización Mundial de la Salud le preocupa tanto esta enfermedad, ¿por qué no la declara como un problema de salud pública mundial y autoriza la fabricación de medicamentos genéricos para combatirla?
Prescindir de las patentes de Roche y Relenza y distribuir medicamentos genéricos gratuitos a todos los países, especialmente los pobres. Esa sería la mejor solución.
Un artìculo sobre las casualidades en torno al AH1N1 (Kenny Garcìa Ortega)
El negocio de la gripe porcina
Por: Kenny García Ortega
Fecha de publicación: 27/04/09
Si en el mundo se provocan conflictos y guerras para vender armas, ¿no es igualmente posible generar brotes de virus y enfermedades para vender medicinas?
DANZA ROTA
Claro que en ese primer instante no era mucho más lo que yo podía hacer, pues iba de paso con mi familia materna en pleno, y recién íbamos hacia el vestier para, creo yo, guardar nuestras pertenencias y cambiarnos, cuestión que me pareció extraña puesto que uno podía irse en toalla y traje de baño hasta la caseta donde se hospedaba a cambiarse de todos modos. Afuera de la piscina, todos hacíamos parte de un gran tumulto de bañistas, de modo que mientras reclamábamos los brazaletes, Diana desapareció (y yo odiaba la idea de haber seguido a mi madre, abuelos y tías al vestier).
Como era de suponerse, si has salido con mi familia materna alguna vez, entre la llegada a la piscina y la inmersión a la misma pueden pasar varios minutos. Yo iba como hipnotizado por ojos grises con visos verdes a la piscina sin considerar que la misma albergaba un tumulto todavía más grande que el de afuera. Pero Diana ya estaba nadando allí, y lo mejor, estaba sola. Probablemente yo ya no andaba con mi familia materna, y ello era bueno, pues podíamos tantear aquella piscina yendo por orillas semejantes a la parte sumergida de los muelles de madera en el mar, esperando a familiarizarnos después con la profundidad de baldosas color azul conocido por todos los que hemos entrado a una piscina común, y más o menos ocho marcas de carril azul oscuro distanciadas entre sí unos dos metros.
El día lucía gris claro y se sentía frío afuera de la piscina. Una vez dentro y muy cerca de Diana, creo que el día era de lo más de cálido. Ella sabía a dónde iba y a dónde volvía, cómo ondulaba si pensaba ondular, cómo se impulsaba con los brazos si iniciaba una brazada. Yo la imitaba a la perfección, más por saber a dónde iría después que en respuesta a sus movimientos (¿o sería al revés?). En ese momento, mis tías y mi madre entraron al agua y se hallaban intrigadas con Diana (la menos intrigada era, curiosamente, mi mamá), de modo que nos detuvimos para que yo la pudiera presentar, y continuar en nuestro peculiar ejercicio de nado sincronizado.
Entonces, llegó mi turno de ser el que sabía a donde ir y volver, ondular y hacer brazadas. O, como quería hacer yo, ir a la zona más profunda de la piscina y hacer inmersiones allí. Eso hicimos todo el rato que fue posible, pues estas inmersiones suelen agotar un poco las cosas. Al final, a sabiendas de haber captado todo el interés de Diana que era posible captar en ese momento, se me vino a la cabeza como un hipervínculo de color azul aquel movimiento especial para las profundidades: la Danza Rota.
Y así fue que se lo mostré. Tal como le había pedido a Dios, la deslumbré, aunque pronto tuve que explicarle que dicho estilo tiene un inconveniente, y es que solo funciona en aguas profundas tomando impulso desde el fondo. Eso, lejos de disuadirla, le generó más interés en el estilo.
No obstante, tenía que irse. El invisible sol del cielo gris quemaba, la señal de su salida del agua, y mientras se despedía, me decía algo más, cuando de la mismísima nada mi primo Nico, que inexplicablemente estuvo en la piscina todo el tiempo, pero que no anduvo cerca de mí ni un solo instante (¿Y eso como por qué?) intervino para pedirme ayuda, pues me dijo que se iba a salir porque el sol estaba quemando pero que por el diseño de muelles, no podía hacerlo por su cuenta.
Entre el ayudarle a mi primito y salirme de mala gana del agua (como si el permanecer más tiempo en el agua me devolviera lo nadado con Diana), a mi cabeza llegó, en color azul hipervínculo y en sonido estéreo, la canción que me acompañaría hasta que abriera los ojos en mi cama: Dame una pista, algún rastro para hallarte… Estoy bailando una Danza Rota, quisiera escaparme.