Pastilla # 1: Religión y Divinidad

Si me preguntan qué pasó con mi religión, les frunciré el ceño y me rascaré la cabeza, pues tendría que formular rápidamente una respuesta que me tenga contento al decirla y que preserve la dinámica de la conversación en la que surgió dicha pregunta, y eso no es cosa por la que me agrade esforzarme. Así que me ahorraré molestias y lo contaré en este texto, cosa tal que cuando me pregunten “¿qué pasó con tu religión?”, les formularé una de mis pastillas de chocolate, disponibles en el blogspot (Que buen negocio ¿no?).

Desde que me preparé para hacer mi primera comunión dentro del rito católico colombiano, tengo una espinita con respecto al temor reverencial que se predica hacia Dios. La cuestión es más o menos así: a nosotros los prospectos de comulgante nos enseñaron una canción que decía “El amor de Dios es maravilloso…” que si mal no recuerdo dice que es Dios tan alto que no podemos estar más alto que Él y también que era tan bajo que no podemos estar más bajo que Él. A mis 10 años, eso fue una tremenda revelación, porque por primera vez me sentía como elemento de un conjunto más grande que mi familia, mi colegio (y pare de contar, tenía un mundo algo estrecho entonces). Al principio no entendía cómo se podía ser más alto y más bajo que uno al mismo tiempo. Luego caché que cuando uno vive en una casa, uno es más alto que el piso y más bajo que el techo al tiempo, y que por lo tanto uno era más bajo y más alto que la casa al tiempo –y viceversa-. Me imaginé entonces que con Dios la cosa debería ser parecida. Pintaba como una respuesta satisfactoria, habida cuenta que me permitía seguir las liturgias y comer hostias en paz. Pero ese razonamiento fue el útero en el que se concibió mi espinita, pues si, como imaginé en aquel instante, estaba metido en Dios ¿Cuál era la necesidad de arrodillarme? Me parecía imposible irrespetar a Dios por no arrodillarme si al fin y al cabo estaba cantado que “no puedo ser más [inserte un adjetivo aquí] que Él”. Llegué a la conclusión de que yo podía ser yo y de cualquier modo Dios tendría su superioridad asegurada. Nadie tenía por qué recordármelo.

La espinita, en virtud de la metáfora del útero, crecía y se alimentaba a través de mí de lo que el mundo le ofrecía, con una dieta preferente hacia un libro de historia para niños que nos regalaron de primera comunión a mi hermano y a mí. Fue apareció ese grotesco aunque nutritivo caldo de paloma empalada en Catedral Primada (yo ya no tenía 10 años, pero no recuerdo cuántos tenía). Creo que todos los que recordamos esa “brillantez higiénica” tomamos un poco de ese caldo. Lo primero que pensé fue “¿Cómo esperan que obedezcamos con el ‘no matarás’ si ellos no ponen ejemplo?”. Así empecé a pensar en la relación Animales – Iglesia. Se supone que como hijos de la creación, palomas, perros, patos, murciélagos, peces, mariposas y humanos somos hermanos. Sólo los últimos sabemos lo que es comulgar. Sé de una iglesia en Italia donde dejan entrar animales explícitamente (recuerdo la imagen de patos en la iglesia), y hasta hace unos años en Kennedy había un estanque grandísimo con peces nadando dentro de una parroquia cercana al Parque Timiza. Pero de resto, los animales permanecen afuera de los templos: los perros esperan casi siempre angustiados en el carro o el hijo no creyente los pasea a la misma hora de la misa, las mariposas nocturnas medio aterradoras son desalojadas después de la misa y raras veces sobreviven al desalojo para recordarlo, patos y peces suelen permanecer lejos de las edificaciones eclesiásticas, lo de las palomas ya debió quedar claro en este punto, y los murciélagos… Aquí viene la anécdota que sazona al caldo: en el centro vacacional de Villeta donde mi familia y yo solemos alojarnos a descansar hay un templete para las misas dominicales. Por la misma época en que se hizo noticia la “brillantez higiénica”, nos hallábamos alojados allí y nos encontrábamos en misa de noche los de la casa. Era mi primera misa en Villeta, y todo iba muy bien, puesto que el sacerdote del centro vacacional promovía la participación de los feligreses (incluido yo, que en ese momento era dominado por la timidez que he ido abandonando estos días) y hacia muy amena la liturgia. La dinámica cambió cuando, por la hora, el lugar, y supongo el olor a frutas de los champuses[1] de algunas de las feligresas, se metió un murciélago de los pequeños al templete. Las feligresas bienolientes (incluidas familiares) se paralizaron de miedo, y con ellas unos cuantos varios feligreses. Mi hermano, mi papá y un sequito de huéspedes le miraban con cierta curiosidad. El sacerdote casi que le dio la bienvenida y trato de continuar (pues como dije, la liturgia estaba amena), aunque la distracción era evidente y un tanto difícil de aplacar. Yo tenía entendido que los murciélagos en general no atacan hombres aunque esperaba que no tuviese rabia, pues no me agradaba tener que arruinar el paso aplicándome vacunas, así que traté de hacerme el que veía entrar a alguien más a misa y punto (como optaría mi abuelito y otro séquito de huéspedes y feligresas). Y ahí cambio el sabor del caldo para espinitas: Si el murciélago iba a misa, las instalaciones no eran las apropiadas para que éste (o ésta, vaya uno a saber) pudiese recibir en paz la palabra del Señor y el resto de nosotros ciertamente no le iba a dar el espacio requerido para orar íntimamente (ni a un murciélago, ni a los zancudos, las ardillas o cualquier otro animal que no quepa en la categoría homo sapiens sapiens), y si se metió en el templete como parte de su ruta de exploración (mi hipótesis con respecto a la entrada del quiróptero), ésta construcción no fue lo suficientemente pensada con respecto a los hermanos no humanos que vivieran cerca, pues estaba demostrado que no deambularían tranquilos por allí. Lo primero que pensé fue: “los animales no están hechos para recibir misa”, pero al pensar un poco más al respecto invertí un poco ese razonamiento y le encontré un asidero a mi espinita: “la misa no está hecha para los animales”. De allí concluí que la misa no da buena cuenta de Dios, no todas sus creaciones pueden aprovecharla.


Aun así, mi espinita era muy inocente. Yo todavía iba a misa, sin ponerme de rodillas bajo ningún concepto, y cuando me sentía instado a temer o aceptar sin cuestionar, esperaba que un murciélago se metiera y causara distracción (porque en esos momentos pensaba que, a diferencia de lo que pasaba en Villeta, no era interesante escuchar al cura). Pero la dieta de libros de historia para niños empezó a hacer mella en mi espinita, algo que me ponía a pensar bastante. El libro en cuestión hablaba de Juana de Arco y de Las Cruzadas, y tras leerlo, me quedaba un par de preguntas para masticar: 1) ¿Cómo era posible que Juana guiara a Francia por mandato divino y que Inglaterra la quemara por hereje? Y 2) ¿Por qué la Iglesia Católica no tenía sede en Tierra Santa antes de las Cruzadas, si allí es donde pasa todo lo que cuenta la Biblia que nos ponen a leer? No tenía muchos detalles respecto a Juana o a las Cruzadas (al fin y al cabo estaba leyendo un libro para niños), pero intuí que hablar de Dios era una cosa muy distinta a hablar en su nombre. Peor aún, empecé a creer que el nombre de Dios era tan falsificable como cualquier firma o marca mundana. Y allí me surgió una pregunta que acabó con la inocencia de mi espinita: ¿Quién está autorizado para hablar en nombre de Dios? Pregunta que engendró más preguntas ¿Cómo se ganó esa autorización? ¿Cómo se convirtió esa autorización en autoridad? ¿En qué momento es necesaria esa autoridad? ¿Cómo se pierde esa autoridad? ¿Cuál es el pueblo [la etnia, el género, la edad] más autorizado[a] para hablar en nombre de Dios? ¿Qué pasa con los que abusan de esa autoridad? ¿Y con los que dicen tenerla pero evidentemente no la tienen?... Preguntas espinosas que crecieron y se volvieron verdaderos cardos y espinos ¿Será verdad entonces lo que dice la Biblia? ¿Será necesario hacer milagros para ser ejemplo de vida? ¿Por qué toda esta gente “nueva” (Juan Bosco, Francisco de Asís, Martín de Porres) no sale en la Biblia? ¿Y a cuento de qué se justifica el proceder bélico de ciertos personajes (incluidos ángeles) cuando se supone que “no matarás” es uno de los Diez Mandamientos (por ejemplo, Judith quitando cabezas, Josué extinguiendo ciudades enteras, etc.)? En fin, mis creencias religiosas empezaron a tomar un rumbo, que en ese momento era cercano al escepticismo. Me costaba ya aceptar lo que decían en misa y no hallaba muy coherente rezar el Padrenuestro en todas las formaciones matutinas del colegio. Veía con desdén a los obispos en televisión predicando acerca de cosas que no han experimentado, como el aborto o la miseria. Una posible conclusión de todo eso es “el ser humano es inadecuado para hablar en nombre de Dios”.


Curiosamente, sin embargo, me resistía al ateísmo y a renegar de la influencia benigna de Jesús en nuestra moralidad, ya que la gente a la que yo veía comprometida de verdad con “Amaos los unos a los otros” era digna de admirar y en algunos casos imitar. Además, desde pequeño estoy consciente de mi Buena Estrella
[2], ángel que me arrastrara o no el ala, me protege de todo mal (desde ser sancionado por llevar el uniforme mal puesto en el colegio porque pasaba desapercibido del vicerrector cuando caminaba de frente hacia mí hasta morir en un barranco porque el campero fue retenido por detrás, cosas muy poco probables cuya ocurrencia me resulta inexplicable) y me ayuda a salir adelante (cosas simples como encontrar la última galleta de choco-choco en el dispensador, interesantes como ver que las preguntas que me hicieron en el examen de la UN se relacionaban con contenidos que yo tenía muy frescos en ese momento y poderosas, como la forma en que he encontrado a quienes hoy son mis amigos y mis maestros). Y pocas cosas tendrían ese aire simple y sublime que tienen (como una noche con el firmamento despejado con todas las constelaciones a la vista, la inmensidad de un lago, los halcones y gavilanes en el cielo bogotano, la luna llena vista con buena compañía, etc.).


En aquel momento todo eso era muy confuso comparado con la forma en que lo he plasmado aquí, y esa falta de claridad tuvo sus consecuencias: empecé a creer que era más sabio hablar de destino, la vida paranormal me llamaba poderosamente la atención, aunque no tuviese más evidencia de que fuese un fenómeno real de la que tenía de la autoridad divina de algún sacerdote en especial. Me incomodaba ir a misa aun si fuera a pensar en cualquier otra cosa. Tampoco comprendía muy bien porque para mí se constituía como pecado no rezar la novena con mi familia.


Por si fuera poco, antes de terminar el colegio, estaba el tema de las otras religiones: Buda, Brahma, Alá y la gente que se declaraba atea, casi toda en privado y lejos de algún adulto, complementado con el show de Bush contra el Islam recién iniciado. La espinita ya dolía bastante y mis preguntas no apuntaban a quién podía hablar en nombre de Dios, sino a quién rayos podría validar que su religión daba cuenta de la veracidad de la divinidad que adoraba, y cómo ésta falseaba a las otras religiones. Me quedaba entonces la idea de que “el ser humano no sabe de lo que habla cuando hable de, por, para o con Dios”. Dios que además podía ser en realidad Diosa, Chiminigagua, Ente Divino, Jehová, Iahvé, Alá, Brahma, Zeus, Madre Naturaleza, La Fuerza, Odín, Quetzalcóatl, Re – Hokarty… ¿Quién distinguía a Dios del ídolo? ¿Y a la fe del culto? Concluí, salido del marco de todo lo que había pasado hasta entonces, que no podía existir un Dios entre tantos hombres haciendo lo que les da la gana en su nombre. Y recién había pasado por Nietzsche y su declaración de que Dios estaba muerto, y la de Dostoievski de que por lo tanto todo estaba permitido.


Sí, por un momento olvidé mi Buena Estrella. Pero recordaba resistirme al ateísmo, pues tampoco nada me garantizaba que no hubiese un Dios de ningún tipo, y adicionalmente de vez en cuando me topaba con un sacerdote que no era tan dogmático y que de hecho esperaba que cuestionara mi propia fe para asentarla. Era extraño, pues quería creer en algo pero todo me generaba dudas, y la falta de evidencia sobre la realidad divina de nuestro universo me parecía suficiente para que no se pudiera siquiera intentar explicarla (hace poco noté que esta es una postura semejante a cierto tipo de agnosticismo, y por una semana, me consideré agnóstico, luego decidí quitarme esa etiqueta de encima, pues era algo semejante, no idéntico). En ese proceso de amnesia escéptica pasaron muchas cosas que me hacían revaluar mi identidad en general, pues llegué a la Universidad a convertirme en profesional y en adulto al tiempo.

Toda clase de justificaciones racionales aparecieron en el camino para disuadirme de la existencia de Dios en un principio. Principalmente de los docentes y de quienes habían egresado de colegios vinculados a comunidades religiosas o provenían de familias férreamente católicas, pues todos veían o bien una serie de ritos hartos y vacíos asociados a Dios o el eufemismo para la búsqueda incuestionable de poder pasando por encima de lo que fuera o de quien fuera o la excusa para echarse a morir y no responder por su vida. Muchos ritos me parecían vacios a mí ciertamente (aunque como ya no iba a misa, no esperaba que un murciélago salvara la jornada) y en realidad la búsqueda de poder de jerarcas religiosos y políticos en nombre de Dios me parecía de lo más mugre que hacen los seres humanos (tenía grabadas a las Cruzadas, y desde hacía un tiempo, a los pastores mantenidos por el diezmo), en complemento con la echada a morirse (Dios quiera que eso no me pase, je je je). Pero a medida que reflexionaba al respecto, lograba apartar las preguntas sobre la existencia divina de las que concernían a la religiosidad humana.


De este modo (acabada la cena, tomó el cáliz…), mientras me sucedían otras cosas vitales (dignas cada una de una pastilla propia), empecé poco a poco y muy lentamente a creer más en la existencia de un orden universal de carácter divino, una fuerza superior que mueve y da sentido a todo lo que existe, que juega con el tiempo, el espacio y las implicaciones de cada acto o fenómeno. Y a dudar más del que tuviera una explicación concisa, un dogma convincente o un ateísmo declarado. No me considero la persona indicada para cuestionar la creencia de alguien pero siento que hablar de Dios, Isis o Xue, es primero que todo hablar de la forma de ver al mundo que uno aceptó o que concibió, difícilmente de una verdad que lo llamó. Y que por lo tanto lo más que se puede hacer con una creencia es compartirla. Las cosas, se puede ver en la historia, se dificultan cuando se imparten creencias para perpetuar o establecer algún tipo de poder (y no hablo únicamente de jerarcas religiosos, hablo también de docentes, parientes, políticos y hasta parejas). Y todo eso lo creo porque un día tuve una espinita mientras me formaban para la primera comunión, y hasta el sol de hoy, ésta crece.


Desde que tengo esa idea de lo que ha pasado con mi religión, he tenido experiencias interesantes para reflexionar y cuestionar. Me topé con un libro llamado “El Arte de Vivir Conscientemente” de Nathaniel Branden. En éste el autor pasa a tocar el tema de la consciencia en relación con la espiritualidad en el capítulo séptimo. En esa lectura fue que nació el proceso de adultez para mi espinita y cuando finalmente busque algo de claridad para mi postura. Este sujeto inicia su argumentación con la premisa de que nuestra vida espiritual nos resulta confusa ya que usualmente nuestros preceptos carecen de un proceso serio de revisión. Hasta allí, estoy totalmente de acuerdo con él. La cosa es que Branden, al sugerir el cuestionamiento de dichos preceptos, parte del cuestionamiento a las autoridades en el tema (lo que me sonó a “¿Cómo se convirtió esa autorización en autoridad?”) y luego parte de la explicación de la experiencia espiritual en virtud de su postulado sobre la consciencia. En lo del cuestionamiento me sentí muy identificado, pues más que una cuestión de rebeldía, era una cuestión de veracidad. El problema vino cuando dicha cuestión se trasladó a la experiencia espiritual. Aunque mis recuerdos son imprecisos respecto a dicho tema, sé que Branden prescindió de Dios en la explicación del sentido espiritual de la vida y logró presentar una alternativa materialista. Sin embargo, en dicha alternativa presento su postulado general sobre la consciencia (conocimiento de los más profundos motivos interiores, usualmente enterrados en el día a día) como respuesta a la incertidumbre resultante y a un prototipo de persona artista en la vida consciente como ideal de persona. Para mí, en otras palabras, se trató de una postura descalificando a otra y promoviéndose casi descaradamente como la postura idónea. Así como desconfíe de jerarcas religiosos, desconfié de él. Y de paso, dejé de confiar en quien presentara una persona o sociedad perfectas. Vi también una película que me gusta mucho llamada “What the bleep do we know?” En ésta aparecen profesionales de todos los pelambres, pero hay particularmente adeptos a la física cuántica, a las neurociencias y algunos estudiosos de la vida espiritual. En ésta se dice algo muy bueno (en mi opinión, vaya uno a saber si a quien lee esto le parece basura) y es que las religiones tienden a apartar a Dios de los hombres para incitar a su adoración y a su temor reverencial, lo que de acuerdo a quienes hacen esa afirmación, es una acto de arrogancia (con lo que yo concuerdo bastante).


Estuve hasta hace muy poco en clases de yoga, y allí pasaron muchas cosas dignas de observar. La primera fue la relación con el cuerpo como el primer elemento para alcanzar un estado de consciencia con el Todo. Aunque debo admitir que yo no fui a estas clases para iniciar mi camino de reencarnaciones y convertirme en un yogui, sino simplemente a realizar ejercicios sin sentirme violentado y recuperar la flexibilidad perdida, de estas clases salí con la firme convicción de que no es posible alcanzar un mayor desarrollo espiritual (ni siquiera un desarrollo personal, o al menos un mejor rendimiento) si no se observa al cuerpo y si no se asume la responsabilidad con éste (confieso no proceder con juicio en estos días en lo que a mi cuerpo concierne, pero desde muy niño sé que entre menos porquerías le meta “más posibilidades tengo de ganar”). Esa fue la única convicción que gané estando allí. En adelante, nacieron nuevas dudas: ¿Qué relación tiene mi dieta con mi vida? ¿Puedo hablar de paz mientras como carne de res? ¿Hasta donde la contemplación es una postura activa? Y una fuerte convicción de algo que no ejerceré: psicología transpersonal, pues aunque esta nació como un estudio de los fenómenos de la consciencia y la vida religiosa, tiene muchos cables cruzados, entre esos los que se relacionan con la práctica del yoga. El yoga tiene muchos beneficios de orden terapéutico, pero estos se comprenden mejor en el marco de su práctica. Convertir asanas en ejercicios de psicoterapia, como pretendió uno de mis profesores, no tiene ningún sentido para mí (Como diría un amigo, es como pretender meter gol en el ajedrez).


Bien, no es todo lo que tengo que decir sobre mi vida religiosa ni sobre mi visión de la divinidad, pero por ahora es suficiente. Al ver todo lo que me ha acontecido con la religión (escribir una parte y omitir otro tanto), puedo decir que, al final, todo lo que creo sobre la existencia de una divinidad se lo debo a mi propia capacidad de reflexión, no se lo debo a ninguna religión. Creo también que nadie es quien para darle un valor de verdad a una creencia religiosa y que solamente puede compartirse (y de manera muy parcial: Dios podría tener un significado muy distinto para mí y para ti). Creo que la existencia divina se experimenta pero no necesariamente se conoce (y por ende podría ocurrir que no es susceptible de ser razonada, o por lo menos, razonada con los elementos de juicio existentes hoy). Y creo, por si no se ha notado aún, que la religión es un asunto de costumbre (a veces una buena costumbre, como integrar a la familia en diciembre o facilitar el duelo por un ser querido) y poder que diariamente puede auxiliar a algunas personas pero que los “grandes hombres” usualmente emplean para consolidar sus tiranías. Pero ante todo, creo que al único al que debería concernirle lo que yo creo es a mí, aunque creo en la existencia de una divinidad (único panorama posible en un universo tejido con infinitas perspectivas), no me consta que esta divinidad me juzgará por la forma en que la percibo.


¿He sido claro?

[1] Al escribir esta pastilla, el computador me informó que esta palabra es un sustantivo plural para “champú” en castellano. Personalmente, creo que esa expresión promueve la jerga de Gollum, por aquello de los “hobbitses”.
[2] Buena Estrella, Aterciopelados, La pipa de la paz, 1996

Polígrafo mp3 (lo ví en el facebook)

1. Pon tu MP3 en Aleatorio (Shuffle) (En mi caso, tuve que recurrir a la PC)

2. Para cada pregunta presionarás el botón de siguiente para obtener la respuesta.

3. DEBES ESCRIBIR EL NOMBRE DE ESA CANCIÓN SIN IMPORTAR CUAN ESTÚPIDO SUENE.

SI ALGUIEN DICE ‘TODO ESTÁ BIEN’ ¿TÚ DICES?
Mentira- La Ley - (Buen comienzo)

QUE DESCRIBE MEJOR TU PERSONALIDAD?

Señora de las 4 Décadas - Ricardo Arjona - (Ay si tú, buen comienzo, eñeñe)

¿QUÉ TE GUSTA EN UNA CHICA? (cada cual adapta la pregunta al género de su preferencia)
Décimas a mi abuelo - Silvio Rodríguez (Mire Ud)

¿CÓMO TE SIENTES HOY?
One, Two, Three - Enrique Bunbury - (¡Caray!)

¿CUÁL ES TU PROPÓSITO EN LA VIDA?
Las Sierras Eléctricas - Los Prisioneros (Será el de mi Alter Ego, también y todo)

¿CUÁL ES TU LEMA?
Strangelove - Depeche Mode (El pedazo "you have to make this life livable" me suena)

¿QUÉ PIENSAN TUS AMIGOS DE TI?
Por tí Colombia - Piero (Sin comentario)

¿EN QUÉ PIENSAS MUY A MENUDO?
El Carpintero del Amor - Andrés Cepeda (Ouch!!)

¿CUÁNTO ES 2+2?
Nada Especial - Bacilos (pues sí)

¿QUÉ PIENSAS DE TUS MEJORES AMIGOS?
Las increibles aventuras del Sr. Tijeras - Sui Generis (Increibles aventuras... los censores de ideas temblaríán de horror ante el hombre libre con su cuerpo al sol)

¿QUÉ PIENSAS DE LA PERSONA QUE TE GUSTA?
Pulsar - Gustavo Cerati (Hijuepucha!! Este jueguito es pura brujería!! -y llegas justo a tiempo-)

¿CUÁL ES LA HISTORIA DE TU VIDA?
Blanca Mujer - Robi Draco Rosa (Pues sí, aun no me ha llegado la hora... de resto no, pues no estoy deseando morir)

¿QUÉ QUIERES SER CUANDO CREZCAS?
Si el Poeta eres tú - Pablo Milanés (¿Qué quieres ser cuando crezcas si el poeta eres tú? Se me crecio la pregunta)

¿EN QUÉ PIENSAS CUANDO VES A LA PERSONA QUE TE GUSTA?
Canción con Todos - Mercedes Sosa (Vaya si hay un afecto fuerte allí ¿no?)

¿QUÉ PIENSAN TUS PADRES DE TI?
Obsesión - Miguel Mateos (podría ser)

¿QUÉ BAILARÁS EN TU BODA?
Bolero Falaz - Aterciopelados (¿Eso no será de mala suerte?)

¿QUÉ MÚSICA SONARÁ EN TU FUNERAL?
Ámate y Salvate - La Ley (interesante)

¿CUÁL ES TU PASATIEMPO?
Dando vueltas en el Aire - Fito Páez (no lo pude decir mejor, heh heh heh)

¿CUÁL ES TU MÁS GRANDE SECRETO?
Ella uso mi Cabeza como un Revolver - Soda Stereo (¿Cuál de Todas?)

¿QUÉ PIENSAS DE TUS AMIGOS?
Pedro Nadie - Piero (Piero me deja otra vez sin comentarios frente a mis amistades...)

¿CUÁL ES LA PEOR COSA QUE PODRÍA PASAR?
Café y Petróleo - Ana & Jaime (De hecho ya pasó, y sí, muy malo por el exceso de atención a ambos)

¿CÓMO MORIRÁS?
En la Ciudad de la Furia - Soda Stereo (Donde nadie sabe de mí y yo soy parte de todos... bueno para una elegía ¿no?)

¿DE QUÉ ÚNICA COSA TE ARREPIENTES?
Dar es Dar - Fito Páez (¿A cuál de todas?)

¿QUÉ TE HACE REIR?
Polvo de Estrellas - Compañía Ilimitada (Me echo a reir cuando pienso en la persona que me gusta)

¿QUÉ TE HACE LLORAR?
Pez - Cafe Tacuba (Sin comentarios)

¿TE CASARÁS ALGÚN DÍA?
Decir Amigo - Joan Manuel Serrat (¿¿*??)

¿QUÉ ES LO QUE MÁS TE ASUSTA?
Te Quiero - Hombres G (Traducción: Más de lo mismo ¡qué joda!)

¿LE GUSTAS A ALGUIEN?
Qué se Puede Hacer con el Amor - Silvio Rodríguez (Traducción: ¿A que sí?)

SI PUDIERAS RETROCEDER EL TIEMPO ¿QUÉ CAMBIARÍAS?
Revolución - Kraken (creo que es una respuesta muy genérica)

¿QUÉ TE HIERE AHORA?
Communication Breakdown - Led Zeppelin (Para algunas cosas, definitivamente sí)