Ni tantas razones para estar contento ni tantas para estar triste. Sólo un poco preocupado y sólo un poco aliviado. Simplemente para estar de paso por este planeta.
Ese parece mi estilo, llanamente. A veces me gana la ansiedad y a veces la euforía. De vez en cuando la ira me asalta y un destello de serenidad puede llegarme de sorpresa.
Definitivamente puedo considerarme un moacho ingenuo y afortunado, tratando de hacer lo correcto y de no entrar en conflictos con la gente. A veces resulta que el tratar de hacer lo correcto me lleva a hacer lo correcto y a veces no. A veces el tratar de no entrar en conflictos me evita conflictos y a veces no.
Añoro a ratos un poco más de malicia y un poco más de picardía, pero la verdad, no me sientan. Tal vez a veces el carácter no me da, pero en el fondo siento que he venido más a mirar sin prejuicios que a otra cosa. Y a veces tomo una decisión más allá de toda duda que pareciera que sólo yo puedo tomar, pero en el fondo siento que es sólo una decisión como elegir la sobremesa del almuerzo.
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Sin embargo, hay algo que creo que sin lugar a dudas ha estado presente en mi vida. Buena compañía. Cuando me siento a la deriva por lo general llevo muchos días que parecen exactamente iguales y en los que me siento lejos de la gente.
Por otra parte, aunque mi talento no me ha ayudado últimamente a darme de comer (porque todavía no nos conocemos bien, a pesar de coexistir por 26 años, 1 mes y 5 días) siento que lo mis logros son míos por mi propio talento. Está el apoyo de los demás, claro está, pero mis logros me hacen sentir, con justa razón, capaz de ser el principal artífice de mi destino.
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¿Y todo esto a qué viene en el blog? Pues no sé muy bien. Creo que tenía algo que decirme en público.